Todas las noches, siguiendo rituales de caza y de febriles amoríos, decenas de murciélagos revolotean alrededor del reloj solar que el polaco grzegorz kowalski erigió hace medio siglo en la ruta de la amistad, ese paseo escultórico que celebró con piedra líquida y vivos colores la realización de los juegos olímpicos en méxico.